Archivado en: Diago Lezaun, Dulzaineros del Bajo Aragón, Fernando Gabarrús, Instrumentos antiguos, La Alhóndiga, Rabel Sánchez
Qué gran concierto el que cerró el ciclo de La Alhóndiga a cargo de Dulzaineros del Bajo Aragón, que encandilaron con su poder comunicativo al auditorio que prácticamente llenó el recinto. Fue un concierto didáctico primero y una fiesta al final, y en medio, una sucesión de temas en las que Dulzaineros, con sólo tres componentes (Fernando Gabarrús, Rabel Sánchez y Diago Lezaun), consiguieron que el público se les entregara y participara activamente con ellos.
Comenzó el concierto con Baile del pollo, una danza de Teruel en la que los danzantes debían imitar a un gallo de corral y el premio al que mejor lo hiciera consistía en un pollo. A partir de aquí comenzó la clase, con Fernando Gabarrús, el líder del grupo, explicando el funcionamiento de algunos instrumentos de percusión: cucharas de madera, una caña, sartén con una cuchara, diversos tipos de carracas o el chicotén, un instrumento que parece de cuerda, pero que realmente es una percusión que acompaña al chiflo.
Hicieron luego un recorrido por distintos ritmos y tonadas de Aragón, hasta que llegó uno de los momentos cumbres del concierto, con Fernando Gabarrús explicando a través de un pliego de cordel un romance de ciego llamado “Historia de un tozino”. Llegaron después unos temas relacionados con el vino, por lo que el grupo sacó una bota para que circulara entre el público. Y lo hizo, de mano en mano, y de boca en boca, hasta que quedó vacía y exhausta. Comenzó aquí la participación activa de los asistentes, que acabaron bailando al ritmo de pasodobles interpretados por Dulzaineros del Bajo Aragón. Lo que comenzó como una clase didáctica acabó siendo una fiesta participativa. Hubiera podido prolongarse, pero Dulzaineros debían emprender viaje hasta el Pirineo para volver a mostrar su clase. La carretera esperaba.
Si hace unos días hubiéramos podido decir que María José Pérez, la joven cantante de flamenco que cautivó en una de las primeras jornadas de Folk Segovia, era la expresión de la música popular en estado puro, hoy podríamos decir que Metal Cambra es la máxima expresión en estado impuro.
No se lea en esto una crítica irrespetuosa, sino todo lo contrario. El grupo castellonense, uno de los ganadores de la última convocatoria del INJUVE, demuestra que quienes pretenden poner puertas al campo en esto del folk no tienen nada que hacer. Su líder, el violinista Ferrán Aparisi, confiesa que son demasiado rockeros para el mundo folk y demasiado folk para el mundo rock. En esa irreverencia hacia ambos mundos radica precisamente su mérito, pues Metal Cambra demuestra una personalidad que no es fácil encontrar hoy en día en formaciones que distan mucho de hacer una música anclada en los parámetros comerciales al uso.
La irreverencia de Aparisi se muestra, por ejemplo, cuando, en contra de todos los usos ortodoxos imperantes en el conservatorio donde estudia, se empeña en tocar el violín por la espalda. Sin embargo, la heterodoxia desaparece cuando acepta con gran profesionalidad que un local como la Alhóndiga puede ser perfecto para un concierto de su grupo. En efecto, un gran grupo folkrockero.


