Archivado en: Uncategorized
Todavía con muchas caras largas por el disgusto que provocó la noticia de la capitalidad cultural, el Mester apareció en el escenario del Azoguejo, con Acueducto a sus espaldas y media Segovia al frente y en los laterales. Miles de segovianos (en esto coinciden organizadores, policía local y medios de comunicación) se contagiaron del entusiasmo mesteril y, al grito de “Segovia sin fecha de caducidad”, regalaron casi dos horas de concierto, rematado, como no podía ser de otra forma, por “La chica segoviana”, cantada más por el público que por el grupo.
El Mester siempre tiene que dar un paso adelante en sus conciertos anuales en Segovia, bien por San Pedro, bien por San Frutos. En esta ocasión, la sorpresa fue una versión antológica del “Canto del ofertorio”, del maestro Agapito Marazuela, con la voz fantástica de Llanos, el respaldo instrumental de todos los componentes del grupo, apoyados por los músicos que les acompañan habitualmente y la colaboración impagable de los dulzaineros Pablo Zamarrón, Carlos de Miguel y Jesús Costa. Fue un momento imborrable al que luego siguieron otros como cuando Llanos y Luis se enfundaron sendas camisetas de la Gimnástica y del Caja para rendirles homenaje por los éxitos deportivos logrados esta temporada.

