El blog de Folk Segovia 2010


Los pasacalles remataron la faena

Comenzaron el sábado sorteando charcos y finalizaron el domingo bajo un sol que derretía las dulzainas. Así es la vida. Fueron, como todos los años, los que animaron la Segovia de mediodía, la del paseo después de misa, la del chato y tapita en la plaza, la del turista con ojos como platos ante semejante marcha, la marcha de los pasacalles que Folk Segovia pone a pie de calzada para que la fiesta no se quede en las paredes de La Alhóndiga o en los jardines de los Zuloaga.

Si los pasacalles no existieran, Folk Segovia obligaría a inventarlos, porque no se entiende el Festival sin estos músicos y músicas de raíz desfilando Calle Real arriba, Calle Real abajo, desde el Azoguejo hasta la Plaza, con paradas en Cervantes, San Martín o donde se tercie y un chato de vino con tapa de torrezno así lo demande.

Fueron unos 70 hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes, que llegaron desde diferentes puntos. Por ejemplo,  desde Tórtola de Henares, en la provincia de Guadalajara. Desde allí, un pequeño pueblo alcarreño, se desplazó la Agrupación Musical y Folclórica Santa Catalina, que desfiló por la calle Real con sus trajes típicos, interpretando las canciones de siempre y regalando a los viandantes una copla compuesta especialmente para la ocasión dedicada a Segovia.

Desde la abulense pre-extremeña Candeleda, nos visitó la Ronda Candeledana, embutidos sus componentes en las camisetas rojas que siempre les acompañan. Como ya hicieran otras veces, los paisanos del recordado Pedro Vaquero, con sus instrumentos de percusión rescatados de las cocinas, interpretaron las canciones de su tierra con la fuerza y la naturalidad características a las gentes que viven al pie de Gredos.

De Madrid llegaron cerca de 30 blusones morados, dulzaineros y tamborileros que enviaba la Asociación Cultural Folklore Plaza Castilla. Comandados por Fernando Llorente y Javier Barrio, inundaron de sones de dulzaina las calles y bares colindantes a la calle Real y Plaza Mayor, con parada final en La Oja Blanca para disfrute de los ocupantes de las terrazas aledañas.

Menos numerosos fueron los componentes de Zurramacatillo, un grupo riojano formado por Alberto Martínez, conocido en el mundo folk como el “Artillero”, nadie sabe muy bien por qué. Su gaita fue acompañada por Pablo Mazarrón y Antonio con la dulzaina, y Pajares en el tambor. Y todos ellos desfilando junto a los gigantones característicos de este grupo riojano.

Y finalmente, un solitario Agustín García, que procedente de tierras charras desafió con su pito y su tamboril a la lluvia del sábado y a los calores del domingo.


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